miércoles, 9 de marzo de 2016

UN WASAP CON MUCHOS AIRES





"Con el ala aleve del leve abanico" debe de ser la aliteración más famosa de la lengua castellana, fruto de la inspiración del poeta de los dos nombres, Rubén Darío. Fíjate bien que no dice "leve", que es como a veces se recita, sino "aleve": alevoso, traidor, pérfido. Y con toda razón, ¿leve un abanico? Sí, sí, como el trabuco de Luis Candelas.

Nada de leve tenía, allá por el XVIII, el abaniqueo felón de una petimetra metida en sarao, el moroso vaivén de una maja endomingada, el abaneo insidioso de una mundana con más vueltas que la manga de una casaca, el pérfido mariposeo con aires de yonofuí de una casadera escoltada por su señora madre. ¡Nanai!


Chispero con quitasol y maja con abanico,
según Francisco de Goya.

Era, más bien, cuestión de mucha gravedad, sino mortal de necesidad. Los abanicos sí que mataron hombres, y no los cañonazos ni las bayonetas de las interminables guerras del Siglo de la Luces, que casi todas fueron mundiales, negando así que el siglo XX tuviera la exclusiva. ¡Cuántos corazones acabaron escabechados, cuántos galanes vueltos gigote por culpa del aleteo traidor de una coqueta! ¡Cuánto guapo mordió el cañón de una pistola o terminó sus días ensartado en el acero de un rival, como si fuera un pollito tomatero!

¿Y tú me preguntas por qué? Pues porque -y yo te respondo- casi tres siglos antes de que los wasaps aumentaran la prevalencia de la artritis digital (de dedos, no de dígitos) entre la población contemporánea, ya tenían nuestros trastatarabuelos modos de intercambiar mensajes discretos (o no) a través del éter.


La dama del abanico,
Diego Velázquez (1635).

Permíteme una pizca de historia antes de introducirte en el esotérico idioma de las varillas ilustradas. Como la pólvora y el arroz tres delicias -otro par de inventos diabólicos-, dicen que el abanico plegable nació en China en el siglo VII.


El hallazgo de Moisés, L. Alma-Tadema (1904).

No es que los egipcios, por ejemplo, no se hubieran dado aires mucho antes, pero lo hicieron con los aparatosos flabelos de plumas de avestruz tan estimados en las ceremonias vaticanas y en los peplum y musicales filogays.


Pío XII con flabelo.
Una de las novedades exóticas de la Edad Moderna europea, muy metida en consumo suntuario, fue, precisamente, el abanico chinés. Los navegantes y mercaderes portugueses, que estaban a la que saltaba, lo trajeron a finales del siglo XV y la moda prendió, justamente, como la pólvora. 

Un artesano francés, Eugene Prost, bajo el amparo del conde de Floridablanca (1728-1808) -Secretario de Estado con Carlos III y Carlos IV-, abrió fábrica y tienda en la madrileña calle de Hortaleza en la segunda mitad del XVIII. Él puso a los abanicos españoles a competir con los de sus paisanos gabachos y con los italianos. Tal fue el éxito que, a finales de siglo, se creó la Real Fábrica de Abanicos en Valencia, donde la tradición de darse aires venía de atrás.

Abanico valenciano (obvio, ¿no?).

Establecidos los antecedentes históricos, te explicaré, también con brevedad, cuáles son las partes básicas de un abanico. Las varillas no tienen más ciencia, salvo que las extremas -más gruesas porque protegen a las demás- se llaman guardas o caberas. La banda de tejido ilustrado que las une es el país y su borde externo es el ribete. Hay más, pero nos llega.



Veamos ahora cuántos wasaps se pueden mandar con la tarifa plana -pagas una vez y te das aire hasta que se rompa- de un abanico. Llegados aquí, citaré a Yago Valtrueno, protagonista de mi novela El viento de mis velasal fin y al cabo, sabe de qué habla porque es un hombre de la época:
"Qué suplicio si la bella se cubre el hombro derecho con el abanico. Te odio, grita muda. Bendito sea el odio si la alternativa fuere la indiferencia, señalada por un abanico cerrado que, en la distancia, apunta al suelo. En cambio, dichoso aquel que, anhelante, observa como la baraja cerrada al competidor se alza hasta reposar en el blando cojín del pecho deseado, trocado el aleteo del abanico por el de las pestañas de la bella venerada. ¡Siempre contigo!, declara esa seña. En su antípoda, un tiro en la sien debe seguir a un bostezo a medias oculto tras el frágil parapeto".
Yago nos ofrece solo una muestra del arte de hacerse entender con la baraja de hueso. Yo tampoco tengo espacio, ni quiero ser el dueño de tu tiempo, como para relacionar todos los mensajes que una dama podía mandar hace tres siglos con unas varillas y un país decorado. Te mostraré solo algunos; primero, con el abanico cerrado :

-Gesto de amenaza disimulada apuntando al galán:





-Cerrarlo muy rápido:





-Cubrirse la oreja izquierda:






-Cerrar lentamente el abanico:





-Rozar con suavidad el rabillo del ojo derecho:






-Dejar caer el abanico:
El colmo de las señales a país cerrado estaba en que la dama marcase la hora del encuentro galante. Porque había que ser muy gavilán para adivinar cuántas varillas abría ella, ya que su número indicaba el momento del vis a vis, cuando la pretendida podía escaquearse de la carabina o sujetavelas.

Abanico del siglo XVIII.
Colección Lázaro Galdiano.

No te cuento, claro, todo lo que se podía cotorrear con un abanico abierto, que era como un libro ídem...

-Salir al balcón con el abanico abierto (y no por la caló):





-Abanicarse con indolencia: 






-Abanicarse con muchos aires (tiene su mellizo, que ya hemos visto, con el abanico cerrado):





-Sujetar el abanico con las dos manos:






-Esconder, pudorosa, la mirada tras el país:






-Alzarlo con la mano derecha:






Puedes consultar en la Red muchos sitios que completen esta breve iniciación en el aéreo lenguaje del abanico. Te recomiendo uno, protocolo.org; ahí encontrarás, de paso, otros artículos llamativos.

Déjame por fin decirte que si yo ahora tuviera un abanico en las manos, lo abriría y miraría con falso interés los dibujos de su país. Y si tú conocieras tan rebuscado idioma, sonreirías cómplice, pues entenderías que te estoy diciendo que me molas. Así que, sabiéndolo, hazme el favor de ir a contarle a todo el mundo cuánto te ha gustado este artículo y si merece o no la pena que la gente siga este blog, ¡ea! O, si no, bostezaré detrás de las varillas la próxima vez que te vea. Y ya sabes lo que eso significa...

Nota: la pintura que abre este artículo se titula Joven con abanico y es de Ramón Carazo.

Puedes leer la ENTRADA ANTERIOR de este blog aquí:
http://escribirhistorica.blogspot.com.es/2016/02/siria-sangra-hace-3.html

Y si quieres conocer más secretos históricos y literarios, TE RECOMIENDO MI ÚLTIMO LIBRO, PARA ESCRIBIR NOVELA HISTÓRICA:
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¿Y TE ATREVES CON UNA SÁTIRA DE LA TELEVISIÓN?:

8 comentarios:

  1. Ea, pues lo contaré a los cuatro vientos, y te devuelvo el "me molas" con abanico y sin él.
    Picos-Freire que, de un tiempo a esta parte, andas sembrao!.
    Besos, querido amigo.

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    1. ¡Pues dale aire, dale aire! Y gracias por tus comentarios, así, en general. Un beso, amiga.

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  2. Yo no entendía nada del lenguaje de abanicos, pero ahora con tus lecciones, a país abierto, también digo "me mola". Me mola tu blog (tus blogs) y este artículo en especial. Razón tiene Elisenda: estás sembrao.
    Recomiendo y comparto, por supuesto.
    Gracias y un beso.

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    1. Muchas gracias, Rosa, ¿qué más puedo decir? Un beso.

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  3. Me ha encantado la entrada ¡que bueno!!!!
    Saludos.

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    1. Ya ves cómo eran ellas (y ellos). Y no ha sido más que una muestra, si entras en la páginas de protocolo, verás muchos más wasaps. Gracias por tu comentario, Teresa. Un saludo.

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  4. Es un artículo extra y de paso aprendo a manejar el abanico.
    Gracias, por toda la información que aportas me ha gustado mucho

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    1. Hay que ver qué bien se apañaban sin móviles, menudo mérito tenían. Muchas gracias por tu comentario.

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