viernes, 26 de mayo de 2017

CON LO RENTABLE QUE ES LA HISTORIA 

(con mayúscula)


Colón entrando en Cádiz tres siglos tarde.


(Entrada publicada en El viento de mis velas
el 20/11/2014)


Tenemos Historia en España como para haber trabajado todos haciendo películas y series históricas en vez de inflar la burbuja inmobiliaria y las finanzas de los partidos y, a mayores, abrir enotecas (al ritmo vertiginoso con que se abren, no serán de vino blanco, sino blanqueado).

¿Por qué los norteamericanos, con poco más de doscientos años de Historia, producen y producen películas y series sobre aventuras antiguas y nosotros apenas hemos empezado? Por presupuesto, me dirás. Sin duda, por eso también. Pero yo creo que el peor obstáculo es la pompa que nos gastamos por aquí, que es pedantería en los que leemos y suficiencia mal calibrada en los que no. Me da en la nariz que los españoles, en cuanto tenemos un título y algunas lecturas, nos volvemos de un elitismo insoportable y vacuo. Como diría Yago Valtrueno, el protagonista de El viento de mis velas"Aprendemos antes a levantar la punta de la nariz que a sonarnos los mocos".

En España, los historiadores aún están decidiendo si los que nos dedicamos a la novela histórica merecemos la horca o un balazo. En el mundo anglosajón, en cambio, abundan los historiadores que producen obras de este género y son, justamente, los que tienen más claro que lo suyo es un producto editorial. Nosotros, herederos de los hidalgos de tripas vacías, aún creemos que lo comercial es propio de villanos y de judíos. De eso se aprovecharon los luteranos, creadores de un Dios que solo reparte gracia a los ganadores.

También me dirás que no hacemos más ficción histórica porque ya no hay una nación que nos incluya a todos. Bueno, los americanos tienen a los tejanos y lo mismo filman películas de romanos -peplum- que la defensa de El Álamo -western-. En ambos casos, para más inri, se meten en lo nuestro: Roma invadió Hispania y el Imperio Hispánico colonizó el Sur y el Oeste de los Estados Unidos. No tenemos excusa.

Es verdad que el panorama está cambiando. Desde Curro Jiménez no se aprovechaba tanto nuestro pasado para obtener audiencia y ganancias. Los más talludos recordarán también a Diego de Acevedo, con un jovencísimo Paco Valladares interpretando a un oficial español en plena Guerra de la Independencia. Saltando el abismo de los años, ahí están las recientes Águila RojaHispania o Isabel, que tendrá continuación con su nieto, Carlos I.

Valladares como Diego de Acevedo.
Me pongo a aplaudir como una foca cuando leo que esta o aquella productora se están planteando una serie histórica. Y me alegro con todo lo que implica, incluido el sacrificio del rigor. Por ejemplo, las carabelas de Colón, que algunos dicen que eran dos carabelas y una carraca, no pueden recortarse al contraluz contra la catedral de Cádiz, que es del siglo XVIII, tal y como pasó en Isabel (ver foto de cabecera). 

Tampoco se nos puede ir la olla con que secuestren a Felipe IV en Águila Roja (la Película) o que el hijo del protagonista lleve unos quevedos que parecen de Tchin Tchin Afflelou. Y qué decir de los cascos de los legionarios romanos de Hispania -dando agua en la imagen-, alquilados a la producción de Gladiator -foto de la izquierda- y tan mal ubicados en la serie como en la película. Me dirás que un casco romano es un casco romano y punto. Pues no. Los Tercios de la Legión actual no llevan los morriones de los Tercios de Flandes, así como los legionarios republicanos que lucharon contra Viriato no tenían los mismos uniformes que sus colegas imperiales de tres siglos más tarde, aquellos con los que Marco Aurelio, el emperador de Gladiator, derrotó a los germanos. Los cascos históricos los tienes abajo; los de la serie y la película, si me apuras, parecen borgoñotas del XVII.



Cascos del período republicano (Angus McBride/Osprey)

Casco romano de los tiempos de Gladiator (siglo II d.C.)


Me alegra una barbaridad que seamos capaces de cambiar para ser más linces de los negocios históricos y un poco menos ratones de biblioteca misántropos. Soy de esos ingenuos que piensan que la curiosidad se puede aletargar en el ser humano, pero que se muere con él y no antes. Por eso creo que popularizar nuestra Historia llevará a más españoles a querer conocerla y a entender el presente como ciudadanos adultos.

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